La adopción de la inteligencia artificial (IA) en América Latina no solo debe analizarse desde una perspectiva tecnológica, sino también como un fenómeno sociotécnico que reconfigura las relaciones de poder, el acceso al conocimiento y la distribución de oportunidades. En este sentido, la desigualdad estructural de la región se traduce en asimetrías en la capacidad de diseñar, implementar y auditar sistemas de IA, lo que condiciona los beneficios potenciales de estas tecnologías.
Diversos estudios regionales muestran que los países con mayores niveles de inversión en infraestructura digital, formación en habilidades avanzadas y marcos regulatorios más desarrollados concentran tanto la innovación como la captura de valor. En contraste, los países con menor desarrollo institucional enfrentan mayores dificultades para establecer mecanismos de control, evaluación y rendición de cuentas, lo que incrementa su exposición a riesgos.
El reporte identifica que, si bien la IA ofrece oportunidades para mejorar las políticas públicas, ampliar el acceso a servicios esenciales y fortalecer la toma de decisiones basada en datos, también puede profundizar vulnerabilidades existentes. Persisten riesgos asociados a sesgos algorítmicos, a la falta de representatividad de los datos y a despliegues opacos en ámbitos sensibles como la salud, la educación, la seguridad y la protección social.
El concepto de “brecha cognitiva” resulta particularmente relevante para comprender los desafíos de la región. No se trata únicamente de acceso a tecnología, sino de la capacidad para comprender, cuestionar y orientar el uso de sistemas de IA. Aun así, la región cuenta con capacidades emergentes, marcos éticos iniciales y ecosistema de innovación que pueden orientar un desarrollo más inclusivo. El desafío central consiste en traducir principios éticos en gobernanza efectiva: evaluación de impactos, supervisión humana real, protección de derechos y fortalecimiento institucional.